Venezuela: Crónica de una tarde de gobierno popular en las comunas Escrito por Marco Teruggi.

Comuna o nada

Comuna o nada

“Lo fundamental somos el pueblo organizado, sin eso no hay nada. Nuestras células fundamentales son los consejos comunales y las comunas”.

El escenario

Son las 2h30 de la tarde en las afueras de San Félix, estado Bolívar. Es un sábado de enero. En un polideportivo se encuentran reunidos 350 comuneros y comuneras. Sus producciones están expuestas sobre tablones cubiertos de telas: frutas, verduras, flores, artesanías, pescados. La mayoría está sentada en el rectángulo que tiene en tres de sus lados seis hileras de sillas. Muchos quedaron de pie. En una de las puntas, la que da sobre la calle, está puesto otro tablón. Ahí se encuentran dos viceministros del Ministerio del Poder Popular para las Comunas y Movimientos Sociales. Alrededor del espacio de discusión van y vienen algunos hombres y mujeres, cargan carpetas, salen para hablar por teléfono, intercambian palabras en voz baja.

La reunión ha comenzado más tarde de lo previsto. Rosángela Orozco, viceministra de Participación Comunal, y Amador Hidalgo, de Economía Comunal, se atrasaron en la inauguración de una Empresa de Propiedad Social premezcladora de concreto que tuvo lugar en las afueras de Puerto Ordaz, la ciudad que unida con San Félix, conforma Ciudad Guayana. Cuando llegaron todo estaba listo. Desde temprano los voceros de las tres comunas. “Comandante Guerrillero Américo Silva”, “Orinoquia”, y “Agrícola Bicentenario Pozo Verde”, ya estaban preparando la dinámica de la asamblea. No es la primera vez que comuneros y el Ministerio realizan un encuentro de este tipo.

Gobernar en la calle

“Todo el pueblo gobernando. Solo juntos somos Chávez, solo juntos podemos mantener una revolución al ritmo que necesita la Revolución Bolivariana”, había dicho el presidente Nicolás Maduro el 25 de abril, 10 días después de resultar electo y luego de resistir una avanzada golpista. Era el primer día de lo que fue llamado Gobierno de Eficiencia en la Calle: cada uno de los ministerios comenzó a partir de allí a recorrer los diferentes estados del país. Escuchar, debatir, recibir propuestas, demandas, proponer, elaborar proyectos de conjunto, fueron algunos de los objetivos nodales. Ir hacia el pueblo organizado en sus diferentes expresiones.

No es la primera vez entonces. Porque desde ese día de abril hasta la fecha se han sucedido dos fases del Gobierno de la Eficiencia en la Calle. En el estado Bolívar por ejemplo, se han llevado adelante en la primera fase -que duró de abril hasta julio- 24 asambleas entre espacios de organización popular y el presidente, vicepresidente, ministros, viceministros. Faltan pocos días para que comience la tercera etapa pero ya la costumbre de ir hacia el pueblo organizado está instalada en varias instituciones. El puente necesario parece consolidarse.

La deuda histórica y más

La dinámica es la siguiente: uno a uno los voceros de las comunas toman la palabra para presentar el plan de desarrollo integral, esto es, la hoja de ruta que debe haber sido elaborada colectivamente, ahí donde queden expresadas las necesidades, potencialidades y objetivos de la comuna.

Y son muchas las necesidades. Estructurales. Aguas blancas, vialidad, transporte, viviendas, liceos, cementerios, infraestructura para las escuelas y los centros de salud. Deudas dejadas por décadas de la Cuarta República que aún no han terminado de saldarse. También están las demandas por las que llevan peleando desde hace décadas –siglos- los campesinos: regularización de la tenencia de tierras – tanto de los productores, más del 75% de esa zona no tiene carta de propiedad, como para los habitantes que ocuparon los terrenos donde construyeron sus viviendas-, financiamiento para planes de siembra extensiva, galpones de almacenamiento, nuevas tierras para producir.

Pero no solo se trata de los faltantes históricos. También surgen necesidades nacidas en gran parte en estos años de proceso bolivariano, como por ejemplo la de formación política, sedes para bibliotecas, canchas de deporte, imprentas comunales para llevar adelante periódicos, apoyo para realizar una recopilación y una reescritura de las historia de esas comunidades, para rescatar los juegos y las tradiciones populares. Demandas de quienes están inmersos en un proceso de cambio, que abre puertas antes cerradas para la mayoría por la urgencia de llegar al final de cada día.

Las formas

A lo largo del debate los comuneros y las comuneras no exponen sus demandas esperando que una resolución estatal cumpla con la necesidad. No, en el mismo movimiento plantean posibles soluciones que los involucre a ellos como protagonistas. Pero existe una limitación económica. Por eso Liliana Flores, de la comuna “Agrícola Bicentenario Pozo Verde”, explica: “Necesitamos el capital de inversión del Estado”. Con eso en manos podrían comenzar con gran parte del trabajo colectivo necesario.

¿De qué se trata?: de las Empresas de Propiedad Social. “Tenemos que consolidarlas como espacios donde manejemos de manera colectiva los mecanismos de producción”, dice Yannelis Guerrera mirando a los viceministros y a sus compañeros allí presentes. Ella es de la comuna “Orinoquia”. Insiste en “tener iniciativa para resolver los problemas, saber ejercer el poder, saber qué y para qué se pide”.

Requieren entonces de esa inversión primera para poner en pie empresas de construcción de bloques de adobe –para hacer frente a la escasez del cemento-, de transporte comunal, de cría de peces, de gallinas ponedoras, textil, de almacenamiento de alimentos, para nombrar algunas de las allí mencionadas.

“No solo es importante resolver esos problemas, sino cómo se resuelven”, escribió el militante argentino Guillermo Cieza en el mes de octubre en referencia a la Revolución Bolivariana. Las comunas reunidas en esa tarde muestran que la resolución necesaria es a través de un mayor empoderamiento de las comunidades. No esperan que el Ministerio construya las viviendas. Tienen planificada una Empresa de Propiedad Social constructora y otra de bloques. Una comuna podría hacer, afirman, 150 viviendas –de las 800 que precisa- en un año. Así darían respuesta a las necesidades generando un nuevo tipo de trabajo –buscando ser colectivo e igualitario- y una mayor autonomía comunal. Piden el capital de inversión.

El horizonte político

“Una comuna es un gobierno comunal, no nos podemos permitir fracasar, hacer una gestión que dé pena”, dice Manuel Amaya de pie en el polideportivo. Es comunero de “Agrícola Bicentenario Pozo Verde”. Todos asienten. “Debemos diseñar un sistema de gobierno colectivo con eficiencia y democracia”, agrega.

Por eso insisten en el rol necesariamente democrático que deben tener los voceros y el proceso. “Un plan de desarrollo comunal debe partir de las particularidades de cada consejo comunal, de cada comunidad, no de una élite de voceros desarraigados de las bases”, insiste Manuel. Este año se realizarán las elecciones para renovar las vocerías en los consejos comunales y antes del 30 de marzo, explican, estarán conformados los parlamentos comunales de las tres comunas.

Ese es el camino que se han trazado. Por eso no esperan una resolución estatal a los problemas. Por eso insisten, junto al Ministerio, en la necesidad de articular las comunas, potenciarlas en la unidad, hacer “un cordón para articular los proyectos, y sentarse de conjunto en las mesas de trabajo”, como afirma Yannelis. Ese sábado son tres comunas. Nombran a una cuarta para que se integre. Tal vez en un futuro próximo comiencen a hablar de una ciudad socialista.

Ante lo dicho

Son las 5h15 de la tarde. Las tres comunas han presentado su plan de desarrollo. Rosángela Orozco es la primera en tomar la palabra. “Lo fundamental somos el pueblo organizado, sin eso no hay nada. Nuestras células fundamentales son los consejos comunales y las comunas”, afirma. Ella ocupa desde mediados del 2013 el viceministerio de Participación Comunal, también forma parte una comuna en Caracas, así lo explica.

“El poder popular está en la calle y ahí estamos nosotros, porque lo que nos interesa es planificar de abajo hacia arriba”, dice dirigiéndose a los comuneros y comuneras. Enfatiza en la necesidad de las elecciones al interior de los consejos comunales y las comunas para construir el autogobierno. “Hay que pensar en grande, impactar en los modos de producción”, concluye y le cede la palabra a Amador Hidalgo, viceministro de Economía Comunal desde finales del 2013.

El eje de su discurso se centra en la necesidad de que las comunas sean “dueñas de todos los procesos de las cadenas productivas”. Eso permitiría construir una independencia respecto del Estado y de cualquier gobierno que pudiera venir a futuro.

En ese camino el Ministerio debe realizar las inversiones necesarias para romper con la falta de materias primas que se requiere para producir, por ejemplo, en los talleres textil –la misma tela-, y en los productivos de gallinas ponedoras y cachamas –el alimento concentrado-. “El poder popular siempre va más avanzado que las instituciones”, reconoce, y subraya las claves necesarias para las comunas: organización, participación y formación.

Fin de tarde

El debate dura hasta las 8 de la noche. A esa hora algunos ya se han retirado del polideportivo. El diálogo fue y vino entre viceministros y comuneros. Pedidos, reclamos –mutuos-, situaciones apremiantes –naranjas y mandarinas pudriéndose-, revisión de proyectos ya financiados –son siete-, el desafío de construir de forma colectiva –y horizontal- entre las comunas allí presentes, de acompañamiento –logístico y económico- del Ministerio.

Al terminar varios comuneros y comuneras se acercan a los representantes del Ministerio venidos desde Caracas, y también a los locales, con carpetas, productos de su comunidad –que también intercambian entre ellos-. Ahora se conocen más, han escuchado sus parecidos, obstáculos, potencialidades, y en particular la necesidad de resolver de manera conjunta, de pensarse como una unidad comunera. Algunos comienzan entonces a retirarse por la ruta en dirección hacia el centro de San Félix, otros se internan campo adentro, entre los árboles que sostienen la noche y el silencio del monte. Termina así una jornada que comienza a ser costumbre desde el pasado 25 de abril.

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