Lina, Sabino y Chávez: tres críticos inconformes, la muerte y un legado

Nicmer N. Evans.

Nicmer N. Evans.

De lo único que estamos seguros cuando nacemos es que vamos a morir, lo demás son circunstancias manejables y relativas. La historia más reciente de nuestro país está signada por cambios vertiginosos e impredecibles, trazada por vidas extraordinarias y muertes que aunque inevitables, no dejan de significar un gran vacío en lo personal y lo colectivo.

Lina Ron, una rebelde confesa, nos dejó el 5 de marzo de 2011. Para algunos, una mujerindomable, para otros una aliada incondicional, y para pocos, una enemiga. Su muerte dejó huérfano a un grupo de colectivos que hoy son satanizados por la oposición y los medios de comunicación, así como lo fueron los Círculos Bolivarianos entre el 2002 y 2003. En este sentido me permito recordar que muchos periodistas y líderes de oposición responsabilizaron a los Círculos Bolivarianos de lo que ocurrió en Puente Llaguno el 11 de abril de 2002, y hoy la historia nos devela como nos mintieron esos mismos periodistas que hoy responsabilizan a los Colectivos de acciones violentas que claramente tienen responsables: los verdaderos colectivos violentos oposicionistas extremos, que guarimbean, y buscan desestabilizar al gobierno del Presidente Maduro, tal como lo hicieron contra el Presidente Chávez en su momento.

Con esto no pretendo exculpar los excesos de individualidades dentro de los colectivos revolucionarios, así como tampoco pienso exculpar a Lina, por el exceso de amor a la revolución, quien advirtió en su momento los riesgos del proceso producto de factores internos que distorsionaban los objetivos trazados por el Presidente Chávez, y que la condujeron a cometer algunas acciones torpes quizá, aunque hoy nadie puede dejar de reconocer que Lina es un ejemplo de lealtad crítica a Chávez y a la construcción del socialismo bolivariano.

Sabino, murió el 4 de marzo de 2013, un día antes de la muerte del Presidente Chávez. Romero fue un originario que dio la vida por sus derechos, reconquistados constitucionalmente al fragor de la lucha revolucionaria. Perseguido y acosado, Sabino Romero, el Cacique, muere el 4 de marzo de 2013, de manos de quienes veían afectados sus intereses económicos por una lucha ancestral por sus tierras, la tierra de los Yukpa en la Sierra de Perijá. Sabino develó el nombre de sus asesinos mucho antes de morir, y sin embargo lo mataron. Fue asesinado por crítico ante la incompetencia de un gobierno que no cumplió en su momento las instrucciones del Presidente Chávez cuando afirmó que: “Entre el carbón y el indio me quedo con los indios, les devolveré sus tierras”. Fue muerto por los intereses de terratenientes, en complicidad con militares y funcionarios del Estado, esos que he denominado “Factor X” y que como leemos en el párrafo anterior, también denunció Lina en su momento.

Chávez, el Comandante, el Presidente, el líder, muere un día después de Sabino Romero. Una larga agonía precede su desaparición física. Uno de los más grandes críticos de su propio gobierno, y cuidado sino el único dentro de él, condujo un proceso revolucionario con aciertos y errores, pero dejó sembrado en el país la imperiosa necesidad de transformar la realidad, de ser un inconforme permanente, de ser un irreverente eterno, sin dejar de lado la humildad necesaria para reconocer sus errores. En el año 2009 desde el Centro Internacional Miranda, un grupo de intelectuales señalan una serie de posibles errores en torno al “hiperliderazgo” de Chávez, y aún a pesar de su pública molestia para el momento, en el 2011 por VTV, una llamada irrumpe la pantalla para dejar escuchar la voz de un hombre como Chávez, que reconoce al “hiperliderazgo” como un problema a superar dentro de la revolución bolivariana. Chávez permanentemente criticó su gobierno, al punto de crear las 3R, y en su frustración las 3R², hoy aún reclamadas por las bases revolucionarias como una necesidad muy vigente.

Lina y Sabino fueron lo que fueron, por que Chávez reconocía en la crítica y la irreverencia una necesidad dentro de cualquier proceso revolucionario que se digne llamar socialista o que pretenda levantar sus banderas. Hoy más que nunca, ese legado, el legado de la irreverencia, la crítica y la inconformidad permanente para el logro de un mundo y una Venezuela mejor, tiene la vigencia que acompaña a lo inmortal. Después de un año de la siembra del hombre que partió la histórica contemporánea venezolana en dos: antes y después de Chávez, ojalá todos los chavistas estemos a la altura de tal compromiso.

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