Terror paramilitar y resistencia comunitaria: 15 años de la masacre de La Gabarra

El 21 de agosto de 1999, el bloque Catatumbo de las AUC perpetró la masacre más grande del corregimiento de La Gabarra, municipio de Tibú, en Norte de Santander. En diálogo con Colombia Informa, víctimas reconstruyeron los hechos, antecedentes y consecuencias de la incursión paramilitar en la zona.

Transcurría el año 1999 y el país era gobernado por Andrés Pastrana cuando los paramilitares incursionaron en La Gabarra. El mando del Frente La Gabarra, instalado en Tibú, era el capitán retirado del Ejército Armando Alberto Pérez Betancourt, conocido con el alias de ‘Camilo’ y quien respondía a las órdenes de Salvatore Mancuso, entonces jefe máximo del bloque Catatumbo, hoy reconocido por masacres como la de Mapiripán, El Aro y El Salado.

Así se ambientó la masacre

Los asesinatos del 21 de agosto tuvieron como antecedentes otras matanzas ejecutadas por los paramilitares de alias Camilo. El 17 de julio del mismo año en Tibú masacraron a 13 campesinos, además de llevarse a 15 de quienes nunca se volvió a tener razón. El 31 de julio del mismo año, en la vereda Los Cuervos cercana a La Gabarra, asesinaron a 15 personas y desaparecieron a ocho más.

El periodista Irlandés Gearóid Ó Loingsigh, en su libro ‘Catatumbo un Reto por la Verdad’, afirmó: “Las organizaciones de derechos humanos advirtieron del peligro que corrían los habitantes de la comunidad, sin embargo, el Brigadier General Alberto Bravo Silva sostuvo frente a las advertencias sobre la presencia de los paramilitares en la zona y su intención de llevar a cabo masacres contra la población civil que “la afirmación de los agresores [AUC] para incursionar en la Gabarra y asesinar a sus pobladores por supuestas vinculaciones con la guerrilla y asumir el control de la zona, no deja de ser una quimera y en la actualidad un imposible de cumplir, pues las tropas del Batallón 46 asumieron a partir de las 10 de la noche del día 02 de junio, el control de la localidad, la protección de sus habitantes y la confirmación de nuestro auténtico compromiso para velar por sus intereses… las tropas helicoportadas (sic), mantienen un estricto control del casco urbano de la inspección (sic) de La Gabarra”.

Una noche lamentable

Los paramilitares entraron en La Gabarra el 21 de agosto a las ocho de la noche. ”Eran unos 150 vestidos de azul, algunos con pasamontañas y armados” recordaron los habitantes de la localidad, además, “ese día se fue la luz varias veces, la oscuridad fue cómplice de los asesinatos”. Concluyeron mencionando que “el cura del pueblo tocó las campanas de la iglesia durante muchas horas esperando a que el ejército acudiera a proteger la comunidad, pero los soldados nunca llegaron”.

Resaltaron otro episodio: “Cuando amaneció, el cura recorrió el pueblo dando la última bendición a los muertos. Contó 49 cadáveres además de 200 desaparecidos y más de 50 familias desplazadas. Muchos de esos desaparecidos bajaron días después descuartizados por el río”. Según su versión, ’Camilo’ había dicho que eran mejor los desaparecidos porque “los muertos hacían mucha bulla”.

Henry*, un profesor de escuela, recuerda que “fue un día fatal, al otro día de la masacre, veíamos a la gente llorando. Todos en duelo, los que quedaban decían ‘por favor no se vayan, estamos solos’. Teníamos que ser fuertes”. Además aseguró a esta Agencia que “la historia se repite. Así como llegaron los españoles a América, así llegaron los paramilitares a La Gabarra, conquistaron nuestras mujeres a sangre y fuego, mataron a sus esposos, se quedaron con los bienes, persiguieron a las hijas, si ellas no querían por las buenas, actuaban por las malas. Ellos, igual que los españoles, despojaron y violaron, secuestraron, robaron”.

Además, describió el despojo cometido por los paramilitares en el territorio: “Ellos tenían como 25 carros en la localidad, además de las tiendas y negocios grandes de los que se apropiaron. La gente que tenía plata se fue, aquí nos quedamos los que no teníamos un peso y pusimos los muertos, nosotros estamos vivos de milagro, en muchas oportunidades estuve a punto de morir”.

La masacre de La Gabarra fue la pieza que completó el proyecto de las AUC en el Catatumbo. Esta época marcó a toda una generación de jóvenes, como en el caso de Pedro, sobreviviente de la violencia paramilitar: “cada uno de nosotros vivimos una historia distinta con esa ola de violencia que se presentó. En mi caso, por esa época solo tenía 8 años de edad y siendo un niño vi muchas personas muertas, acribilladas, asesinatos. Porque a los paramilitares no les importaba asesinar delante de niños o familiares. Si había mujeres embarazadas, el hijo o la hija era asesinado frente a quien fuera. Como yo vivimos muchas personas de mi generación, teníamos que saber delante de quién decíamos una frase o una palabra, para no ser víctima. Tampoco podíamos reclamar si asesinaban a una persona. Sencillamente, teníamos que callar”.

Un informe de la defensoría del pueblo evidenció que entre el 23 de mayo y 21 de agosto, se produjeron 14 masacres, la primera en el Municipio de la Playa, asesinando 5 personas, las otras masacres las realizaron en el Municipio de Tibú, a excepción de una que la hicieron en Cúcuta; en estas masacres asesinaron 132 personas y 42 más en asesinatos individuales.

Las violaciones a mujeres

Las violaciones de los paramilitares a las mujeres en el Catatumbo, fueron de las más atroces. Durante mucho tiempo las víctimas permanecieron en silencio por temor a las represalias. Para agosto de 2013, cuando se atrevieron a denunciar, la Fiscalía registró 39 casos de violaciones a mujeres, cometidas por los paramilitares que operaron en el Catatumbo y el área metropolitana de Cúcuta entre 1999 y 2004.

Roberto, joven víctima y sobreviviente de la arremetida paramilitar comentó: “Las más afectadas fueron las hijas de nuestros vecinos que fueron abusadas, violadas, algunas masacradas. Las sobrevivientes con hijos de las violaciones y con el trauma por el resto de la vida, sin poder hablar ante ninguna entidad, porque no entendíamos ni sabíamos el porqué de esta violencia”. Si a los paramilitares les gustaba una casa, decían a su dueño, tienen tanto tiempo para irse, esta casa es de nosotros. Si les gustaba una mujer, no importaba que tuviera esposo, hijos, abusaban de ellas, eso lo veíamos los niños también”.

Según los testimonios de algunos desmovilizados, las violaciones estaban motivadas fundamentalmente por dos razones: muestra de poder sobre las víctimas o castigo a las colaboradoras de la guerrilla.

De la colonización del terrtorio a la llegada de la coca

Conocer la de historia del Catatumbo es fundamental para comprender los motivos de la masacre. Los campesinos comentaron a Colombia informa cómo era la vida antes del paramilitarismo. Así recordó Juan Pablo, profesor y habitante de la zona, la colonización del Catatumbo: “Los Barí siempre han sido los dueños del este territorio, desde Cúcuta hasta la Serranía del Perijá. A partir de los años 60, se empezó a poblar el corregimiento La Gabarra y Ecopetrol construyó la carretera cuando descubrió que había petróleo en la región. A raíz de eso llegaron los colonos. En un comienzo se presentaron muchas muertes, porque los Barí no querían que invadieran sus terrenos y atacaban a los colonos con flechas, los colonos también mataban los Barí a plomo. Esta región es muy diversa, está poblada por emigrantes de diferentes partes del país. Aseguró que hacia los años 80, se consolidó el corregimiento que lleva su nombre por un planchón sobre el río Catatumbo, llamado La Gabarra que servía para montar los carros y pasarlos de un lado al otro”.

Por su parte Jaime, habitante de la localidad, comentó: “Llegaron algunos pobladores que inicialmente sobrevivían de la pesca y de la caza más algunos otros víveres; de esta forma las familias fueron tomando terrenos y construyendo las primeras casas, por ahí cada mes salía alguien de la familia a traer algo de víveres de Cúcuta; así se fue poblando la zona del Catatumbo”. Además, recuerda que la convivencia era muy tranquila: “el que tenía le daba al que no tenía. La caraota fue uno de los cultivos que primero se sembró en la región y se comercializaba con Venezuela, luego fueron las grandes plantaciones de plátano, maíz. De todo eso que se cultivaba, se sacaban camiones llenos hasta Cúcuta y para la costa, teníamos buena carretera, Ecopetrol la mantenía bien arreglada, a ellos les interesaba sacar el petróleo, le hacían mantenimiento, Después de los años 90, cuando Ecopetrol ya no sacaba mucho petróleo de estos lados, la carretera se deterioró y ya nadie la arreglaba”.

Jaime afirmó que con el deterioro de la economía en la zona se generó un terreno ideal para que los cultivos ilícitos, especialmente, la coca: “ya los productos no se vendían, y en la localidad como todos cosechaban, nadie compraba. Llegó gente de otras partes del país con la semilla de la coca. Las personas los miraban con recelo en principio, les decían ’vamos a sembrar un corte de yuca’ y el campesino pensaba que era verdad pero cuando acudían a la invitación, se encontraban con otra realidad. Así se fue expandiendo el cultivo de la coca”.

María, habitante de La Gabarra agregó a las declaraciones de Jaime: “Cuando Ecopetrol vio que los pozos no eran muy rentables, no le hacía mantenimiento a la vía y quedamos incomunicados para sacar los productos de la región. Luego llegan de otras partes con la semilla de coca y cultivarla resulta mejor porque no había necesidad de transportarlo hacia afuera, la gente llegaba hasta acá a comprarla”. Según afirmó María, la expansión del cultivo de coca marcó la llegada de los grupos paramilitares, versión que valida Luis, un trabajador de la construcción y habitante de La Gabarra: “La violencia se empezó a incrementar con la llegada de los cultivos ilícitos, la coca. A raíz de eso, personas que compraban y vendían el producto por no pagar, mataban. La causa de la llegada de las autodefensas fue el deseo de hacerse dueños y acaparar todo”.

Por último, el campesino Duban aseguró que “los paramilitares no vinieron a La Gabarra a matar a la guerrilla como ellos dijeron. No, son autodefensas campesinas, son autodefensas asesinas, porque vinieron fue a matar. Por ejemplo, el señor Pablo* tenía una finca que estaba cogiendo 20 kilos de coca, entonces ellos llegaban y le decían que le vendieran la finca, como el señor Pablo, decía que no se iba de la finca, que primero muerto, entonces lo mataban. La finca quedaba para ellos… Aquí los mayores productores, con fincas grandes y que cultivaron coca, fueron las autodefensas…”

Las consecuencias, la retirada y las condenas

Las víctimas hablaron de los efectos de esta difícil época y de la esperanza de construir un futuro mejor defendiendo el territorio y construyendo sus proyectos. Roberto, el joven campesino ya referenciado en esta nota, aseguró que quienes permanecen en la región son las personas que no tenían otra opción, lo que él caracteriza como “gente humilde y de paz”. Aseguró que no quiere que se repita la historia con sus hijos ni que vivan la violencia o la estigmatización: “pienso que nosotros tenemos también derecho a una vida digna”.

La salida de los paramilitares de la zona impactó a la población. Así lo manifestó José, campesino sobreviviente: “El 5 de diciembre de 2004, a las cinco de la mañana, empezaron a hacer disparos. Salí a mirar que pasaba y vi a lo alto que estaban reunidos porque se iban ese día. Estaban como festejando lo que hicieron y despidiéndose”. El profesor de la escuela del corregimiento de Campo Dos, también en el municipio de Tibú, contó que ese día, cuando se entregaron los paramilitares en el gobierno de Uribe, “los recogieron en camiones y carros, entregaron armas, pero hoy siguen haciendo presencia desde Tibú hacia afuera”.

Finalmente, en noviembre de 2007, la Corte Suprema de Justicia de Colombia condenó a 40 años de cárcel a cuatro policías, un oficial y tres agentes, que participaron en una masacre de 26 personas realizada por paramilitares en el departamento de Norte de Santander en 1999.

En el comunicado oficial se vinculó al mayor Harbey Ortega y a los agentes Arturo Velandia, Luis Toloza y Gustavo Lobo, como coautores de los asesinatos ocurridos en zona rural de La Gabarra. El Capitán retirado Armando Alberto Pérez Betancourt, se encuentra prófugo de la justicia y su jefe, Salvatore Mancuso, fue extraditado a Estados Unidos en el 2008.

La conclusión luego de quince años de los hechos que que no se ha dicho toda la verdad, no se ha hecho justicia y aún está pendente la reparación

*Los nombres de las fuentes han sido modificados para resguardarlas.

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