Rahmatou Keita: “La cultura occidental lleva en su ADN ser xenófoba y discriminadora” #Niger

Cineasta y Presidenta de la Federación de Mujeres de Niger. Rahmatou Keita

Argentina, 22 de  mayo 2017 .- Recientemente, en ocasión de celebrarse en Buenos Aires una nueva edición del festival internacional de cine Bafici, tuvimos la ocasión de poder ver una joya del cine africano denominada  Jìn’naariyâ! (El anillo de bodas), dirigida por la cineasta de Niger, Rahmatou Keita, quien acompañó su película, y ofreció a quienes pudieron escucharla el día del estreno una lección magistral de lo que significa la cultura africana de resistencia.

Tuvimos la suerte de conocer a Rahmatou Keita en ocasión de un encuentro con el presidente Nicolás Maduro en Venezuela, donde ella asistió en su calidad de Vicepresidenta de la Federación de Trabajadoras Africanas para Francia y Europa. Allí expresó su incondicional adhesión a la Revolución Bolivariana y destacó la grave situación por la que pasan miles de refugiados africanos en Europa.

Keita es una mujer sensible frente a las injusticias, y desde esa definición enfrenta el continuo avallasamiento que Occidente intenta ejercer sobre las naciones africanas y que casi siempre se traduce en racismo y xenofobia.

Periodista de medios gráficos. radio y TV, ha dirigido varios films. Uno de ellos, “Al´lees”, fue premiado en 2005 en el Festival de Cine de Cannes.

Resumen Latinoamericano entrevistó a Rahmatou Keita y con ella hablamos de cine, pero también de lucha, resistencia, opresión y esperanza.

 

– Rahmatou, ¿Naciste y empezaste a trabajar como cineasta en Niger?

– Si, en general se suelen confundir dos países, Niger y Nigeria, y si no hubieran llegado los colonos probablemente sería un solo país, pero no lo son.  Incluso en la hoja del Festival de Cine Bafici (de Argentina) pusieron que yo era de Nigeria, y colocaron la bandera de Nigeria. En Nigeria hay una gran industria del cine, que se llama Naliwood. En Níger, en cambio, no existe tal industria, y como yo he realizado una película allí, entonces me gustaría que se sepa que pertenece a Níger y no a esa gran industria nigeriana. Empecé a hacer mis películas en Níger y todas mis películas son de mi país, pero hice mis estudios y trabajé como periodista en Francia.

¿Por qué te has ido de África?

– En mi familia teníamos una antigua tradición, que pasaba de generación en generación, por la cual nos envíaban a hacer los estudios superiores a Francia. Pero eso ya se cortó, y ahora mis hijos quieren ir a los Estados Unidos. El imperialismo no tiene fin (risas). El primer imperialista fue el César, y cuando el César perdió la guerra contra los sajones, perdió a todos sus legionarios y era muy desgraciado porque él quería apoderarse de África, Europa y Asia. Se golpeaba la cabeza contra la pared, pero en un momento se quedaba tranquilo porque decía: “Bueno, finalmente sus hijos vienen a estudiar a nuestra tierra”. Él perdió esa guerra contra los sajones, pero finalmente ellos escribían con la grafía latina, y heredaron el imperialismo del César, como toda Europa.

Vamos a tu película. Tú hablas de una joven que vuelve a Niger, y sufre un choque de culturas, un choque entre la cultura de Occidente y la africana. ¿Eso es algo que para ti tan evidente? ¿cuánto de autobiográfico puede contener esa historia?

– Lo que podría llegar a ser autobiográfico, pero no lo es, pasa porque Occidente es exótico para mí, y no comprendo nada de esa cultura. Cuando esta joven va a estudiar fuera del continente, descubre formas de hacer las cosas que la sorprenden. Pero ella no tiene ninguna confusión respecto a elegir entre la cultura occidental y la propia. Ella elige la suya, y de hecho va a Niger casarse dentro de su cultura. Ella descubre algo diferente que la sorprende, pero vuelve a su casa y se casa con alguien que no está muy lejos de su casa, y en su propia tradición.

Solamente que en Occidente cometió un error que debe reparar rápidamente, pero para eso hay que ver la película. (Risas)

A propósito de eso, ¿Cuál es el rol de la mujer en Níger?¿Son parecidas a las occidentales en la postergacion, en el ninguneo?

No es la misma historia. Nosotras venimos de sociedades matriarcales, y las mujeres tienen un gran poder en nuestra tradición. Pero las sucesivas invasiones nos han ido quitando nuestro poder: primero tuvimos el Islam, que es un patriarcado, y luego Occidente, que también es patriarcal. Ambos redujeron nuestro poder. Ahora nuestra lucha pasa por librarnos del peso de ese patriarcado occidental.

Antes de las invasiones occidentales, la mujer en todo el Sahel, incluido Niger,  tenía derecho a la cultura,  y Occidente vino a imponer que la mujer no iba a la escuela. También estipularon que la mujer no podía reinar ni gobernar, entonces nos quitaron el poder y se lo entregaron a los hombres; pero estos sabían que igual ese no era su verdadero poder, y por eso nunca tomaban una decisión sin ir a ver y consultar a las mujeres.

Durante las dictaduras -porque después de la descolonización Occidente implantó dictaduras, como aquí en Latinoamérica– se le quitó el poder a la mujer. Desde que luchamos para recuperar la democracia en varios países, como por ejemplo Ruanda, las mujeres lograron tener más cantidad de cargos que los hombres en el Parlamento. Mali posee la mitad, de hecho en Bamacol el alcalde de la ciudad era una mujer, y ya habíamos tenido otras mujeres jefas de estado y primeras ministras.

 Pero a pesar de cierta igualdad lograda, ¿en vuestras sociedades hay acoso a las mujeres? ¿Existe discriminación en el trabajo? Lo pregunto porque esas son las características más claras de la sociedad occidental en la que ahora tú vives. ¿Se dan en Níger ese tipo de expresiones machistas y patriarcales propias de la sociedad occidental?

En el trabajo no, en casi ningún país del África una mujer gana menos que un hombre por el mismo trabajo. Pero la diferencia está en el poder que Occidente o el Islam le otorga al hombre. Por ejemplo, a los jefes de familia. Igualmente, en Niger las mujeres pueden viajar solas, sin marido o sin sus hermanos, lo cual no se puede hacer en los países islámicos. Somos musulmanes en casi un 50% de la población, pero no somos un país islámico. No son los mismos tipos de problemas. Nosotros lo que vemos es que en Occidente la mujer no tiene existencia, tampoco tiene apellido: primero es el del padre, cuando se casa es el de su marido, y cuando se divorcia es el del otro marido…no podemos encontrar sus orígenes más que en los hombres, y eso es muy violento porque es la negación de un ser humano.

Nosotros tenemos el nombre de nuestro padre, pero ningún otro, y heredamos de la madre. Eso es el matriarcado. Lo que es trágico es que ahora, por una fascinación con Occidente, algunas mujeres toman el apellido de sus maridos, porque eso es chic, porque el sistema occidental de Estado Civil a veces lo pide. Después de mil años de actuar en contrario ahora hay mujeres que quieren tomar el nombre de sus maridos o, sino, vienen mujeres blancas a explicarnos cómo nos tenemos que liberar. Nuestra lucha ahora, y no es poco, es liberarnos del patriarcado occidental y del patriarcado islámico.

–¿Crees que hay un punto de vista diferente, cuando haces cine como mujer, que el que tienen los hombres para ver cualquier tema de los que puedas retratar en una película?

De entrada, hay una visión individual y personal en la creación artística. También creo en la manera de tratar la historia, que, sí, pienso que es femenina. Pienso que somos diferentes, por suerte, y que la riqueza de la humanidad está en esa diferencia: entre hombres y mujeres, entre dos niños, entre dos países, entre dos pueblos; esta diferencia es lo que hace que sea bello. La lucha está en mostrar esta diferencia que Occidente quiere eliminar, porque Occidente quiere que todos nos parezcamos a él. Porque si todo el mundo se parece a ellos, todo el mundo adoptaría su estilo y formación consumista, y el objetivo final es enriquecerse. Eso es empobrecer a la humanidad.

En mi trabajo quiero mostrar la belleza y la riqueza de las culturas propias, las de Africa, y la fuerza que poseen, porque todavía viven. También nuestras lenguas. Es esa diversidad y esa belleza la que nutre al mundo. La mayoría de las cosas modernas en Occidente vienen de África: la pintura, la danza, la música, el tango (por ejemplo), la literatura, también el internet porque la informática se construyó sobre una base de cálculo de dos. Nosotros tenemos una base decimal, hay pueblos que cuentan sobre cinco, de hecho yo hablo una lengua, “el full acre”, que cuenta sobre cinco; y los colonos decían que eso era una pobreza porque hay que ir hasta diez. Mucho más tarde, se descubrió que los pigmeos cuentan sobre una base de dos, y sobre esa base se hizo la informática. Hay mucha gente que no lo sabe pero yo he estudié sobre ello. En la moda, en los tejidos, en el peinado, Africa tiene gran influencia.

Mi cultura es la que hace que yo esté acá frente a ustedes, y pueda estar hablándoles de todo esto  a pesar de las discriminaciones y el racismo, y que esté mostrando una película mía en un festival de Buenos Aires. Decididamente quiero homenajear a esta cultura, porque si Occidente la mata, Occidente también va a morir, todos vamos a morir.

– Con todo ese bagaje personal acumulado, ¿Te ha costado desarrollarte como cineasta en Francia? ¿Has sentido discriminación?

Por supuesto. La cultura Occidental discrimina, está en su ADN ese tipo de actuación. Es algo que hay que saber para  luchar contra eso. Occidente no le abre las puertas a nadie, incluso entre occidentales hay clases sociales, y no todo el mundo puede entrar. Ellos son así. La misoginia la descubrí en Occidente, porque en África no tengo ningún problema en hacer películas. No sé si es porque soy mujer, o por nuestras tradiciones que hacen que los mayores les transmitan sus conocimientos a los menores. Occidente transmitió a África el cine como lo concebían los hombres, y los hombres pasaron toda esta formación a las mujeres. Pero partiendo de ello, salvo uno o dos imbéciles, nunca he tenido problemas con ningún hombre. Siempre me abrieron las puertas y me ayudaron.

Sus hijos después me van a venir a preguntar a mí, y si ellos no me dieran nada, ¿Qué es lo que le voy a enseñar a sus hijos? Este tipo de culturas de la transmisión hacen que se vaya más allá de las diferencias entre hombre y mujer, es un deber, están obligados, y yo estoy obligada a transmitir todo lo que sé. Pero reitero, en Occidente descubrí la misoginia, y ahora entiendo las razones.

La película que yo presenté en Argentina fue financiada ciento por ciento por países africanos. Creo que es la primera vez que un film de esta envergadura, que ahora está en festivales de Toronto, de San Francisco y aquí, está financiado enteramente por África. Es una película que no tiene nada que ver con Occidente, ni con las guerras y la violencia a la que están acostumbrados; es una película de amor. Por supuesto, Occidente tampoco soporta el amor (risas).

– Hablemos de otro tema que te preocupa, que es el de los inmigrantes, y que se da en tu trabajo social reivindicativo con las mujeres africanas en Occidente.

– Soy la vicepresidenta de la Federación de Trabajadores y trabajadoras Africanas en Francia y en Europa, la FETAF. Trabajamos por los derechos y la dignidad de los inmigrantes.

Nuestra presencia muestra la injusticia que hay con estas personas, que son quienes enriquecen a Occidente, y que en realidad los muestran como si fueran gente que simplemente vienen a beneficiarse. Estas personas van a Occidente porque Occidente ha desestabilizado sus países y sus culturas. Ya no pueden vivir en sus países porque Occidente está en sus países, sino nadie quisiera dejar su propio país. Incluso los esquimales están en su nieve y no quieren irse. Es como un resquebrajamiento, es un gran dolor partir. En realidad, los hombres y las mujeres que mueren en los barcos están huyendo de los bombardeos occidentales.

Existimos para ayudarles a luchar por sus derechos, para que comprendan las leyes de los países donde están viviendo, y también para trabajar en conjunto con los gobiernos occidentales y nuestros gobiernos para que presionen a la Unión Europea, y así vean todo lo que nosotros aportamos a esos países

Una vez hablé con un inmigrante que estaba barriendo la calle en Paris, y me dijo algo muy fuerte e interesante: “Cuando nosotros emigramos perdemos todo. Venimos jóvenes, y entonces nos roban nuestra juventud. Tenemos hijos aquí, y también se llevan a nuestros hijos. Y nosotros terminamos de trabajar, volvemos a nuestra patria si podemos, y no tenemos nada. Eso es migrar.” Porque para los pueblos de África la mayor riqueza son los hijos, y los niños que nacen en el extranjero son del extranjero. Además, se suma que no tienen los medios para llevar a sus hijos de vacaciones a Africa: en general los llevan una o dos veces, y los niños, que nacieron en el cemento y con las autopistas, cuando van a África no ven nada de eso, y encima hay mosquitos, y no quieren volver (risas).

Ese es nuestro rol para preservar la identidad, y también apoyar a todos los países que luchan por su libertad, tanto en América del Sur como en África, porque ustedes son como nosotros. Lo que pasa realmente es trágico. Cuando veía los bombardeos en Libia, la cuestión no pasaba si estábamos o no con Gadafi, la Unión Africana estaba en contra de los bombardeos, y la Federación de Trabajadores Africanos también, porque eso desestabiliza toda la región. Libia era un país en paz, y lo digo más allá de lo que se piense de Gadafi, lo cierto es que estábamos en paz porque él lograba manejar las revueltas en su país.

Miren a Sudán, estábamos en contra de la partición de ese país, pero Occidente ambicionaba el petróleo del sur. Ahora los árabes están en el norte y los cristianos en el sur, y todo ello por el petróleo. Por supuesto, había guerras que había que resolver, pero miren lo que pasó ahora. En Sudán, que ahora está dividido, en el sur la gente se mata todo los días, y ya no hay un George Clooney que tome su helicóptero. No vemos nada más. Porque George Clooney, cuando estaba en boga todo el problema de la división, dijo que iba a tomar su helicóptero para salvar a la gente del sur de los árabes del norte; pero una vez que se dividió el país, ya no apareció más. Él y su padre iban a ir a Sudán para defender a los cristianos del sur. Su padre era periodista en la CNN. Pero cuando los blancos martirizaron a la gente en África del Sur, su padre no vino nunca. Tal vez George Clooney no había nacido, pero su padre sí, y él nunca fue a Sudáfrica a ayudar a los zulúes y a otros pueblos que luchaban contra el Apartheid.

-Contigo nos conocimos en Venezuela, ¿Qué opinión se tiene desde África sobre el proceso venezolano?

Hugo Chávez, junto con el Che Guevara y Fidel Castro, son esas personas que han trabajado para crear un lazo entre América del Sur y África. Incluso con América del Norte, porque la presencia africana en América del Sur y del Norte es inconmensurable. El único lugar en el que me siento en casa cuando no estoy en África, es en América, porque mi cultura está en todos lados y todo el tiempo aquí.

Respecto a lo que pasa en Venezuela, hoy escuchaba las noticias, Occidente siempre hace lo mismo. Hay un presidente democráticamente electo, que es Maduro, y hay que esperar a que termine su mandato y que vaya a elecciones, como en Francia, como en Estados Unidos, como aquí en Argentina. Y eso es todo. Incluso es notoria la mala fe a la hora de transmitir las informaciones: “que hubo muertos y Europa pide que paren…”, Europa dice eso pero hay que respetar al presidente elegido democráticamente. En África es así, es lo mismo. Ahora los golpes de Estado ya no son armados, ahora son ‘constitucionales’, ya no son como Pinochet en Chile, es otra manera. Apelan a lo judicial, y no sé cómo vamos a salir de todo esto. Esa es nuestra visión, y denunciamos este comportamiento cuando los países occidentales desestabilizan nuestros países.

No está de más decir que siempre pasa en países donde hay petróleo, diamantes, oro. En África hay dictaduras en países donde no hay riqueza, pero Occidente nunca se mete, nunca dice hay que sacar esta dictadura, porque no les interesa.

 

Por Carlos Aznárez, Resumen Latinoamericano

 

 

 

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